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Aportar valor

Cuando uno ve los integrantes de este proyecto no deja de preguntarse por la asociación arquitectos-abogado. Socialmente la imagen de ambas profesiones no puede ser más dispar, y así llega la pregunta: ¿qué lleva a un abogado a embarcarse en un proyecto como Gana Arquitectura? Además de una oportuna invitación, creo que la respuesta es la de saber apreciar la oportunidad de aprender y creer que se puede aportar valor y no sólo en la negociación de cualquier negocio jurídico. Creo que un jurista puede aportar valor en un estudio de arquitectura durante la fase de diseño, sin necesidad de que haya un contrato o pleito de por medio, porque el trabajo de un arquitecto es diseñar espacios útiles y habitables, y dicha utilidad y habitabilidad depende muy mucho de la interrelación de sus usuarios, algo de lo que un abogado tiene un conocimiento privilegiado. Es en la capacidad de prever los futuros conflictos, desde el profundo conocimiento que de la naturaleza humana adquirimos, donde podemos aportar un valor que jamás será apreciado, pero que, sin duda, está ahí y es real.
Como buen socio de técnicos, intentaré ser preciso y pragmático, poniendo un ejemplo. Cuando se diseña un edificio, a menudo un arquitecto se plantea si sería mejor emplear un patio de luces o no. Cuando se toma la decisión y se procede a su diseño se atiende a: los costes, criterios estéticos, funcionales, etc… Pero no se suele considerar en su diseño si su uso puede dar lugar a molestias y a la postre conflictos entre vecinos. Una vez decidido a emplear como solución arquitectónica un patio de luces, habría que considerar si permitir el uso de un patio de luces al propietario de un piso concreto es brindar la oportunidad de conflictos por los objetos que puedan caer a dicho patio, o incluso por la reducción de seguridad que el techado de dicho espacio (consentido o no) pueda causar a las viviendas superiores. Por tanto vemos como se puede añadir un nuevo criterio de diseño y una nueva herramienta de diseño, la definición de los espacios en la división horizontal y las normas contenidas en los Estatutos de la futura comunidad de propietarios, que permiten regular el uso de los espacios. Siempre se considera la normativa en cuanto condicionante o límite a la creatividad y labor de un arquitecto. Lo que no acostumbran a considerar es si sería bueno anticiparse al posible uso de ese espacio, los conflictos derivados y la solución normativa, siempre lenta y costosa, empleando la creación de normas internas como herramienta. Poder asesorar a los propios clientes promotores para que tanto el diseño del edificio como la naturaleza jurídica de los elementos del edificio y las normas estatutarias limiten los posibles supuestos de conflicto, es un valor añadido para la promoción. Supuestos frecuentes como la instalación de toldos o cerramientos, modificaciones estéticas, ruidos, etc… pueden ser prevenidos mediante la correcta división horizontal y normas Estatutarias que, sin contradecir la normativa vigente, la complementen. Un espacio diseñado manteniendo en mente la reducción de posibles conflictos, es un espacio que podrá ser usado de forma relajada y civilizada, un espacio que aportará una experiencia de uso satisfactoria y que favorecerá el nacimiento de relaciones personales sanas y enriquecedoras, lo que a la postre, hará que sea un espacio valorado. Un espacio en el que todos ganarán. Joaquín Fernández Navarro GANA Arquitectura
Las cosas bien hechas